Pero no.
Me acordé de esta historia mientras escribía.
Estaba pensando de qué manera podía convencerte de que el suplemento que había creado para gente con ansiedad nocturna era mejor que el 99% de los demás en el mercado.
Que sí había ayudado a millones de personas.
Hablado en miles de conferencias a las que me habían invitado.
Hasta incluso que me habían dado un premio.
Sí, suena ridículo, pero en algún momento de inspiración lo pensé.
Pero para sorpresa de nadie… no es así.
Por lo que te contaré la honesta realidad.
Como hicimos María, Daniel y yo.
Todo empezó el mismo día que me hice la foto más arriba.
Me había pasado toda la noche dando vueltas.
Ya era algo normal para mí.
De un lado a otro.
Y entraba en un bucle de pensamientos.
Tareas pendientes del trabajo, alguna discusión que tuve con mi mujer, conversaciones que tenía a lo largo del día, etc.
Encima, para colmo, me empecé a obsesionar con mis latidos.
Sí, como escuchas.
Era tal la ansiedad, que me emparanoiaba yo solo escuchando el pum-pum y preocupándome si iban más rápido o más despacio.
Así que te puedes imaginar.
Sentía una gran desesperación, y lo que más frustraba era pensar que esto iba a ser para toda la vida.
Veía a mi cama como una peli de terror.
No una mala de esas que te ríes de lo mala que es.
Una estilo Verónica.
(Si no la has visto, te la recomiendo)
De esas que te cagas vivo.
La noche pasó.
No conseguí dormir nada.
Y me levanté a las 7:00 como todos los días.
Desayuné, me tomé un café (uno muy, muy largo y grande) y marché para el trabajo.
Tengo un trabajo normal.
Soy contable en una pequeña empresa.
Posiblemente es uno de los más monótonos del mundo.
Y seguramente del universo.
Y de la galaxia.
Bueno, ya me entendéis (que no se note mucho que lo odio)
Normalmente, estas noches que no dormía, o dormía muy poco, estaba hecho polvo durante todo el día.
Se sentía todo más pesado.
Hacer cualquier cosa sencilla costaba el triple.
Y no quieres que nadie te diga nada.
Ni los buenos días.
Me decían que parecía que me habían metido un palo por el culo.
Me enfadaba bastante que me lo dijeran… aunque sabía que era verdad.
Ahora me parece hasta gracioso.
De hecho, lo uso de vez en cuando para picar a algún compañero, jejejejeje
Bueno, aguantaba esos días a base de litros y litros de café, y así fue ese día.
Llegó la hora de comer, y bajé al bar de abajo como de costumbre.
Un menú del día por 18 euros, riquísimo.
Para estos tiempos no está nada mal.
Me acuerdo cuando valía 10 euros.
Qué época aquella.
Ahora somos más de un plato gigante con un trocito de comida diminuto.
Alta cocina lo llaman...
Pero bueno, eso es otro tema.
Devoré el menú, y después me quedé 10 minutos pensando en la mesa.
No podía entender cómo la ansiedad nocturna me estaba condicionando tanto.
En ese mismo momento decidí que iba a hacer lo que sea para cambiarlo.
Como un superhéroe en las películas.
O así me sentía.